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Los ciegos de mi pueblo no dormían de noche, trazaban coordenadas, marcaban sus caminos con piedras. A la mañana los campesinos tropezaban con las mismas piedras y furiosos se deshacían de ellas. ¿Quién atenta contra nuestro orden?, preguntaban.
Lo mismo se preguntaban los ciegos.
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Los ciegos de mi pueblo no dormían de noche, trazaban coordenadas, marcaban sus caminos con piedras. A la mañana los campesinos tropezaban con las mismas piedras y furiosos se deshacían de ellas. ¿Quién atenta contra nuestro orden?, preguntaban.
Lo mismo se preguntaban los ciegos.
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15 comentarios:
Algunas veces entorpeces el camino de quien menos pensabas.
Precioso texto.
Una maravilla llena de verdades. Un gran beso.
una situación especular... la simetría cruel del otro... interesante texto. saludos...
Otros tropezamos aunque no hayan escombros en el camino.
Abrz.
Cada día me fascinas más. De otro modo. Más.
Que difícil resulta abrir nuestro propio camino sin entorpecer el de otros, o tropezarnos con otros senderos. Precioso escrito, sencillo en formas y complejo en contenido.
No existen caminos de ida y vuelta.
los ciegos y los que vieron resultan atraìdos tropezando en vano, y al mismo tiempo podran verse creo yo..
saludos niña, un abrazo desde las sierras
cada día disfruto más leyéndote
besicos
Buen poema, buen poema,en estilo prosaico.Notables asimetrías, por las mismas calles.Los ciegos necesitan establecer preámbulos a la vida, al movimiento. Señaleros. Y todos, especie de ciegos, necesitan imaginar un orden.
Admirable precisión rusa de saber centrar en una escena o en el cuerpo mismo tantos significados, en acción.
Precioso y justo y hondo e interrogativo, comme il faut.
saludos
Encantando con el sabor sufí de este verso.
me gustó.
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