domingo, junio 20, 2010

DÍAS COMO NINGUNO

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Las pestañas de mi madre hacia el cielo.
Detrás de su espalda, la hierba embebida de sol, a punto de caer el pino.
Mi padre se pone su gorro, entorna los ojos, abre la puerta, 
entra en la nieve y todos los días no regresa blanco.
Desde entonces no hago poemas,
sólo invierto nombres.
voy arando campos para desentrenar
a los soldados de mi guerra.

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6 comentarios:

Ramón González Gutiérrez dijo...

me gustó tu sutileza. Saludos!

Leonardo dijo...

Hermoso texto. Muchas guerras traslucen en él. Aunque no hagas poemas desde entonces sigue desentrenando soldados.
Saludos,
Leonardo

meridiana dijo...

un excelente poema

saludos

Liliana

Ezequiel dijo...

Hermosa la poesía!. Te felicito también por el libro que entiendo sacaste.

Sdos.
Ezequiel
www.unarazonparavivir.com.ar

Cíclopa dijo...

Gracias,
si Ezequiel,
gran abrazo

Lucio Madariaga dijo...

Tu guerra, la hacemos nuestra, cuando la leemos.